Diario del Tricampus, día 1: ¡Llegó el gran día!


¡Por fin llegó el gran día!, domingo uno de agosto. Estábamos citados a las cuatro de la tarde en el parking frente al Vilarenc Aqua. El autocar, puntual a la cita, se puso a nuestra disposición  para iniciar la tarea de cargar bicicletas y equipajes, labor que resulto rápida y ordenada gracias al buen hacer y colaboración de las familias. Cargado el bus y  con los pasajeros ya a bordo, veintitrés jóvenes de edades comprendidas entre ocho y dieciséis años, ponemos rumbo a la comarca de la Noguera donde se ubica nuestro destino que por una semana será nuestro hogar: el albergue La Torre de Rialb. 

Atrás quedaron los nervios de las semanas previas acuciados además por esa quinta ola de contagios de la pandemia que estaba impactando, entre otros ámbitos, las actividades infantiles y juveniles de verano.  Y por ello, con el objetivo principal de preservar la salud de todos los participantes, disfrutar con total garantía de una semana de convivencia y actividades, cuarenta y ocho horas antes de partir nos hicimos el test de antígenos, al cual nos acogimos gracias a un plan impulsado por las consejerías de Salud y Derechos Sociales y el Consejo de Colegios Farmacéuticos de Cataluña.  

El viaje transcurrió sin novedad y en el horario previsto.  En poco más de una hora y cuarenta minutos llegamos a nuestro destino, apuntar que el trayecto desde Calafell a Ponts (localidad de referencia) transcurre por carreteras sin apenas tráfico y en buen estado. A nuestra llegada, Montse, la responsable del alojamiento y su equipo ya nos estaban esperando.  Se descargaron equipajes y bicicletas con celeridad, en orden y con la colaboración de todos ofreciendo una excelente imagen de cooperación y trabajo en equipo.  

Tras dejar las bicicletas perfectamente ordenadas en el espacio asignado para ellas, se distribuyeron las habitaciones. Posteriormente se colocaron  a primera vista (entrada del salón) la lista con los turnos de trabajo del comedor y la agenda de la semana con los horarios del desayuno, entrenamientos, almuerzo, actividades complementarias y cena. 

Ya alojados y con todo en orden, Montse nos convocó para darnos la bienvenida oficial y la ya ritual charla en referencia a las normas de convivencia, uso de las instalaciones y protocolos sanitarias para la prevención del covid-19 que rigen en el establecimiento. Finalizada la reunión, el equipo asignado para la primera cena se puso manos a la obra, pusieron las mesas, sirvieron la cena y al finalizar esta se encargaron de recoger y limpiar el comedor, esa iba a ser la dinámica de trabajo durante la semana de cada equipo en los turnos rotatorios del comedor. ¡Había hambre y mucha animación! Ni que decir que la cena fue excelente al igual que serian los sucesivos ágapes de toda la semana. Estrella, la cocinera y también Montse, nos trataron como en el año anterior; ¡exquisitamente! de que a todos los/as comensales no les faltase de nada, si a alguien el menú del día no era de su gusto procuraba cocinarle  alguna cosa que si le gustase para que no se quedara sin comer. ¡Un auténtico lujo!

Y después de cenar; había ganas de alargar todo lo posible la tarde/noche del domingo,  iba oscureciendo pero nadie quería acostarse, a sabiendas que al día siguiente la jornada iba a ser completa y dura de trabajo, aún si... que importaba quedaban muchas cosas por descubrir y planificar bajo un manto de estrellas que alentaban a no irse a dormir. 

Finalmente, tras la confiscación de todos los móviles (sobrevivieron una semana sin ellos), llego el gran reto; ¡irse a dormir!, pero eso ya es otro cantar... 

(continuara...)




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